La plaza Colón, su arte ornamental y los lazos que la unen con Venecia y la Torre Eiffel

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La extraordinaria recuperación de este tradicional paseo cordobés amerita recordar su origen y las joyas arquitectónicas que habitan en él.
Fuente, estatuas, columnas y fustes están inspirados en una antigua celebración veneciana y llegaron a Córdoba luego de ser exhibidos en Francia, a finales del 1800. 

La Municipalidad de Córdoba realizó tareas de resguardo patrimonial por primera vez en 67 años.

Desde el momento mismo de su construcción, la plaza Juárez Celman –luego rebautizada plaza Colón- fue pensada como un espacio verde de dimensiones y características imponentes, una especie de jardín botánico o gran vivero que se levantaría en un sector de la ciudad conocido como zona de “las quintas”, con pocos habitantes y un puñado de casas señoriales y de veraneo.

Los cambios urbanísticos y sociales posteriores le fueron otorgando a la plaza la impronta que tiene actualmente, vinculada a un paseo familiar y de esparcimiento.

La construcción de este paseo inició en el año 1887 y finalizó en 1889, el mismo período en el que Francia levantó la Torre Eiffel. Esta coincidencia temporal podría ser clave para explicar el valor cultural y arquitectónico existente en la plaza Colón.

En aquellos años, París celebraba la llegada de la monumental estructura metálica de 300 metros de altura y hasta esa ciudad llegó el presidente argentino Miguel Juárez Celman. El cordobés encabezó la delegación local que participó de la Feria Universal de Industria.

Argentina exhibió en esa ciudad un pabellón denominado “Palacio de Cristal”, compuesto por esculturas encargadas por Juárez Celman a la Fundición de hierro Val D Osne de París, con el objetivo de crear una alegoría basada en “La Fiesta de La Sesna”.

En el dialecto veneciano, “Sesna” significa Ascensión, la celebración revive la expansión veneciana en el adriático y la unión entre el mar y la República de Venecia.

Aunque hay distintas versiones al respecto, una de las más extendidas indica que en 1890 Juárez Celman encargó traer estas obras al país para luego donarlas a la ciudad de Córdoba. Se trata de

Sobre estas obras de incalculable valor arquitectónico y patrimonial, la Municipalidad de Córdoba ejecutó minuciosos trabajos de resguardo patrimonial, mediante la colocación de piezas faltantes y la recuperación de pinturas y pátinas, además de la remoción de pinturas vandálicas y grafitis, entre otras tareas.

Todas las tareas realizadas sobre las piezas de fundición de hierro de arte francés se materializaron con el consejo de la ASPM (Association pour la sauvegarde et la promotion du patrimoine métallurgique haunt-marnais) París, Francia.

Además, como la plaza Colón es Monumento Histórico Nacional, cada intervención sobre elementos históricos fue supervisada por la Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos.

 “Por eso decimos, sin dudar, que la recuperación de la plaza Colón es uno de los hechos más significativos a nivel cultural, arquitectónico, patrimonial y social que podamos concretar en beneficio de la ciudad. Rescatar esta plaza y las obras presentes en este espacio es hacer justicia con nuestra historia”, expresó el secretario de Gestión Ambiental y Sostenibilidad, Jorge Folloni.

Arte, belleza y poder

El arte presente en la plaza es un signo de la época, cuando a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, la plaza era un lugar de contemplación y disfrute de la belleza.

Otros relatos históricos enfatizan la función del arte como símbolo de modernidad y el poderío económico, cultural y político de la Argentina en esa época, graficado mayormente en las siete estatuas de la plaza.

Todas las piezas mencionadas a continuación están realizadas con hierro fundido.

La gran fuente. Tiene casi seis metros de alto y está en el centro de la plaza. Contiene dos piletas superpuestas decoradas. En la parte superior, con un grupo de niños tomados de la mano y, en la parte inferior, con cuatro estatuas: el dios romano del mar Neptuno y su esposa Anfitrite, el mortal Acis y la nereida Galatea, sentados en cuerdas marítimas.

La fuente se completa con una gran pileta con paredes de lajas y hormigón. El piso está revestido con mosaicos venecianos en diseño de colores que orquestó el arquitecto Carlos David en la década de 1950.

En la parte posterior de la fuente central, se erige otra fuente de “murmullo”. El agua cae, primero, en una pileta de hormigón y, finalmente, en la pileta principal mediante pequeñas canaletas que simulan los “murmullos” o “Susurros” del mar.

Los escultores fueron Mathurin Moreau y Michel Joseph Napoléon Liénard.

Las estatuas. Son siete y representan a las deidades griegas de la ciencia, el arte, la agricultura, el comercio, la marina, la industria femenina y la navegación. La octava fue vandalizada y destruida parcialmente por lo que se retiró décadas atrás.

Los escultores fueron: Augustin Pajou (El Arte, La Ciencia); Mathurin Moreau (La marina, El Comercio, La Industria Femenina, La Agricultura); Antoine-Denis Chaudet (La Navegación).

 Los Fustes. Son cuatro astas ubicadas en cada esquina de la plaza. Dos “soberanas” para sostener la bandera nacional y otras dos “festivas”, donde colgar banderines que aluden a días de celebración. En la base, se puede leer la firma de la empresa de fundición de hierro: Val d’Osne.

Las Columnatas. Cierran el fondo de la plaza sobre calle Santa Rosa y son ocho. Estas columnas se muestran como candelabros y están firmadas por el escultor Mortimer.

Los Copones: Son dieciséis cuencos del escultor Mathurin Moreau.

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