El Parque Las Heras Elisa cumple 134 años totalmente recuperado: historia de un clásico cordobés que se renueva

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  • Inaugurado un 7 de septiembre de 1889 como Paseo Elisa Funes, este año el parque recuperó el esplendor perdido durante décadas de abandono.
  • Próximamente quedará habilitado un puente peatonal que lo unirá con la explaza Austria, donde funcionará un sector dedicado a la gastronomía.

Este miércoles 7 de septiembre el Parque Las Heras Elisa alcanzó los 134 años de vida, un ícono cordobés de la historia y el arte del siglo XIX junto a las instalaciones del siglo XXI. En este momento se construye además un puente peatonal y un sector gastronómico en la zona de la ex plaza Austria.

El intendente Martín Llaryora inauguró la puesta en valor a mediados de abril de este año, recuperando las cuatro hectáreas del parque ubicado sobre Costanera Norte, entre los puentes Antártida y Centenario.

Atrás quedó la postal del abandono y degradación que caracterizó al parque durante años. El sitio no tenía mobiliario urbano, la iluminación era casi nula y apenas sobrevivían los numerosos árboles de gran porte. El lugar también había sido un espacio donde se acumulaban grandes cantidades de basura.

Con más de un siglo a cuestas, el espacio verde fue testigo y fruto de la historia local, nacional e internaciones, la cual puede conocerse al recorrer el pequeño museo montado bajo la glorieta del parque.

Fundado en 1889 en un contexto de expansión económica y urbanización acelerada, el Paseo Elisa estuvo marcado por las ideas de esparcimiento, recreación y salubridad de la época.

“Las plazas de finales del siglo XIX tuvieron esa impronta de ser erigidas como signos de modernidad, pero no abandonaron otros usos y funciones como el ser puntos de venta o mercado y lugar de encuentro”, explica Ana Sofía Maizón, profesional del Archivo Histórico de la Municipalidad de Córdoba, respecto a la simbología detrás del gran espacio verde situado hoy en Alta Córdoba y contiguo al centro de la ciudad.

“El espacio abierto y el verde fueron pensados como punto de fuga a las problemáticas de salud e higiene de las ciudades: vías de circulación amplias, la plantación de árboles, la creación de parques y plazas equipadas con mobiliarios, fuentes, glorietas, esculturas y puentes”, agrega Maizón para entender la obra en su tiempo.

El objetivo fue garantizar la circulación, higiene y ventilación de los espacios urbanos, metas paradójicamente vigentes tras la pandemia Covid19.

Cambios de nombre

A lo largo de la historia, el Parque General Las Heras-Elisa, tuvo varias denominaciones. Comenzó a delinearse a principios de 1882 según un plano del ingeniero francés Esteban Dumesnil, en terrenos de los hermanos Ducasse. En ese entonces, el lugar era reconocido con el nombre de Miguel Ángel Juárez Celman, presidente argentino (1886-1890) y gobernador de Córdoba (1880-1883).

El 7 de septiembre de 1889 se inauguró oficialmente el paseo “Elisa”, en honor a la esposa del mandatario cuyo apellido era Funes. Sin embargo, el 7 de septiembre de 1891, luego de la “Revolución del Parque” y con la renuncia de Celman, se renombró a Parque “General Las Heras”.

Finalmente, el 15 de julio de 2021 el Concejo Deliberante aprobó la nomenclatura actual, agregando el nombre Elisa.

El Parque Las Heras-Elisa, el Puente Centenario y la plaza Colón comenzaron llamándose Juárez Celman. Tras la renuncia del presidente en 1890 por la Revolución del Parque, los tres espacios cambiaron a sus nomenclaturas actuales.

Más que una primera dama

Benedicta Elisa Funes Díaz (1853-1933) pertenecía a una familia de la elite cordobesa y vivió hacia fines del siglo XIX, cuando las responsabilidades y derechos no eran iguales para hombres y mujeres. De esta manera Sofía Maizón contextualiza los roles asignados para ambos sexos.

Los primeros, el sexo fuerte, debían conducir los hilos y destinos de la familia y el buen gobierno; las mujeres, por su naturaleza débil, quedaban recluidas a la vida doméstica (tareas de crianza y cuidados de todos los miembros de la familia).

Cuenta la académica que en general las mujeres estaban limitadas a lo doméstico, salvo las pertenecientes a la elite, que tenían otros “espacios habilitados” para la participación femenina: artes plásticas, teatro, música, magisterio y actividades de beneficencia.

“A las mujeres de los sectores populares además de las responsabilidades domésticas se le sumaba el ser fuerza de trabajo tanto en los ámbitos urbanos como rurales: fueron lavanderas, cocineras, mucamas, costureras, panaderas”, explica.

Algunos documentos establecen que Elisa Funes estuvo relacionada a la fundación de la Cruz Roja Argentina junto a su prima materna.

Ya entrado el siglo XX algunas mujeres comenzaron a desafiar esos límites de participación y se insertaron en espacios como la lucha sindical, las ciencias, algunas carreras universitarias, etc.

“Elisa Funes vivió aquellos primeros momentos de agitación y replanteos del género femenino a las fronteras impuestas por el patriarcado”, agrega Maizón para describir eventos que marcaron esa época con nuevas ideas: el Primer Congreso Femenino Internacional (1910), el Comité Femenino Radical (1912), el Comité Feminista Radical (1916), Asociación Pro Derechos de la Mujer (1919), entre otros.

“Es más, tras aquella “Revolución del Parque” (1890) que provocó la renuncia de su marido, quedaron en evidencia la militancia de algunas mujeres entre las filas de la Unión Cívica: Mercedes Mascias, Isabel Pastorino y Eufrasia Cabral”, especificó respecto al creciente rol político de las mujeres.

El éxodo de las esculturas

El parque tiene una nueva fuente donde antes estaba la original, que fue enterrada en 1972. En ella se ubican las cuatro esculturas originales de arte francés, que habían sido trasladadas del lugar hace más de 50 años y deambularon por distintos emplazamientos temporarios.

Estuvieron acopiadas en un depósito por muchos años, luego pasaron por la ex Plaza General Paz, el Museo Genaro Pérez, el Jardín Botánico y la plaza de los Presidentes Argentinos Cordobeses, ubicada en Tablada y General Paz, donde sufrían hechos de vandalización.

Se trata de figuras femeninas, alegorías de las actividades símbolo del progreso del siglo XIX: la ciencia, la industria, la agricultura y el comercio.

Fueron elaboradas con hierro fundido y cuyo diseño formaba parte del catálogo de la firma francesa Val d’Osne, publicado en 1867. Son piezas procedentes del mismo taller donde fabricaron las esculturas situadas en la plaza Colón y el Paseo Sobremonte.

El nuevo Parque las Heras Elisa

Con 134 años, el espacio verde recuperó su fuente de agua con esculturas de arte francés, la glorieta y se multiplicaron los espacios verdes parquizados y reforestados.

Sumó un mirador y tres bajadas al Río Suquía, una pista de skate, cancha de básquet circular, patios con juegos infantiles y postas gimnásticas, además de un espacio gastronómico y un puente peatonal que está realizando el gobierno provincial.

En la visita se puede descubrir una Tau franciscana, una imagen cristiana en forma de “T”, que significa “cruz quebrada”. Se convirtió en un símbolo protector y del compromiso con la pobreza y la humildad para San Francisco de Asís. Es el fundador de la Orden del mismo nombre, de gran importancia en Argentina y más precisamente en la ciudad de Córdoba, desde su fundación en el siglo XVI.

Los tangueros también pueden ver la escultura de Carlos Gardel mirando al río y hasta cantando “Mi Buenos Aires querido”, según reza el libro “Así lo hicimos”, de Julio César Luna

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