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¡Hasta las manos! El día que el Kempes se llenó por primera vez y nunca más se lo vio de la misma manera

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¡Hasta las manos! El día que el Kempes se llenó por primera vez y nunca más se lo vio de la misma manera


Hay días en que lo futbolístico pasa a segundo plano. Días que quedan marcados por un movimiento popular sin precedentes. El 6 de mayo de 2013 es uno de esos. Una jornada en la que el Estadio Mario Alberto Kempes se llenó por primera vez con una marca que nunca más se volvió a repetir.

El estadio, que había sido renovado tiempo antes y se mostraba imponente con su nueva capacidad, todavía generaba una duda que rondaba la ciudad, ¿Quién iba a ser capaz de llenarlo por primera vez? La respuesta llegó en Azul y Blanco.

Aquel Talleres, conducido por Arnaldo “Cacho” Sialle, había hecho un torneo de enorme carácter y llegaba a la última fecha dependiendo de sí mismo, pero con la presión de un rival que no daba tregua. El contexto no ayudaba, era lunes, había paro de colectivos y la definición también se jugaba en otra cancha. Pero nada de eso frenó a la gente.

Desde temprano, Córdoba empezó a teñirse de Azul y Blanco. Familias, grupos de amigos, hinchas de todas las edades se las ingeniaron para llegar. Caminando, en autos, como fuera. Porque había algo más fuerte que cualquier obstáculo, la necesidad de estar.

Y estuvieron. Más de 62 mil personas convirtieron al Kempes en un escenario único. Tribunas repletas, pasillos colmados, escaleras ocupadas. Una imagen difícil de repetir. Una muestra de amor incondicional que empujó al equipo desde el primer minuto.

El partido se jugaba con tensión. El gol no llegaba y las miradas se cruzaban con ansiedad. De repente, un rumor empezó a recorrer las tribunas, en otra cancha, el resultado acompañaba. Faltaba lo propio. Faltaba ese grito.

En el complemento, la historia encontró su momento. Una jugada que nació con decisión, que se armó entre piernas y coraje, y que terminó en una definición tan inesperada como eterna. El taco de Maxi Velasco desató lo que ya estaba contenido: un grito que hizo temblar todo.

Pero más allá del gol, más allá del resultado, lo que quedó grabado para siempre fue otra cosa. Fue la gente. Fue ese Kempes desbordado, fue la multitud que dijo presente cuando más hacía falta.

Aquel día se confirmó algo mucho más grande que lo futbolístico, cuando Talleres juega, su gente siempre está.

¿Y vos? ¿Dónde estabas ese día? ¿Cómo lo viviste?



Hay días en que lo futbolístico pasa a segundo plano. Días que quedan marcados por un movimiento popular sin precedentes. El 6 de mayo de 2013 es uno de esos. Una jornada en la que el Estadio Mario Alberto Kempes se llenó por primera vez con una marca que nunca más se volvió a repetir.

El estadio, que había sido renovado tiempo antes y se mostraba imponente con su nueva capacidad, todavía generaba una duda que rondaba la ciudad, ¿Quién iba a ser capaz de llenarlo por primera vez? La respuesta llegó en Azul y Blanco.

Aquel Talleres, conducido por Arnaldo “Cacho” Sialle, había hecho un torneo de enorme carácter y llegaba a la última fecha dependiendo de sí mismo, pero con la presión de un rival que no daba tregua. El contexto no ayudaba, era lunes, había paro de colectivos y la definición también se jugaba en otra cancha. Pero nada de eso frenó a la gente.

Desde temprano, Córdoba empezó a teñirse de Azul y Blanco. Familias, grupos de amigos, hinchas de todas las edades se las ingeniaron para llegar. Caminando, en autos, como fuera. Porque había algo más fuerte que cualquier obstáculo, la necesidad de estar.

Y estuvieron. Más de 62 mil personas convirtieron al Kempes en un escenario único. Tribunas repletas, pasillos colmados, escaleras ocupadas. Una imagen difícil de repetir. Una muestra de amor incondicional que empujó al equipo desde el primer minuto.

El partido se jugaba con tensión. El gol no llegaba y las miradas se cruzaban con ansiedad. De repente, un rumor empezó a recorrer las tribunas, en otra cancha, el resultado acompañaba. Faltaba lo propio. Faltaba ese grito.

En el complemento, la historia encontró su momento. Una jugada que nació con decisión, que se armó entre piernas y coraje, y que terminó en una definición tan inesperada como eterna. El taco de Maxi Velasco desató lo que ya estaba contenido: un grito que hizo temblar todo.

Pero más allá del gol, más allá del resultado, lo que quedó grabado para siempre fue otra cosa. Fue la gente. Fue ese Kempes desbordado, fue la multitud que dijo presente cuando más hacía falta.

Aquel día se confirmó algo mucho más grande que lo futbolístico, cuando Talleres juega, su gente siempre está.

¿Y vos? ¿Dónde estabas ese día? ¿Cómo lo viviste?

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