Córdoba 450 años: la Municipalidad puso en valor y restauró la plazoleta del fundador Jerónimo Luis de Cabrera

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  • Una variada parquización se extiende en los alrededores del monumento a Jerónimo, que sumó una relocalización de los postes de iluminación.
  • El monolito de la fundación ubicado en barrio Yapeyú también fue intervenido y se reforestó el bulevar De Los Fundadores.

En vísperas del 450° aniversario de la ciudad, la Municipalidad de Córdoba finalizó los trabajos de restauración y puesta en valor de la plazoleta y el monumento a Jerónimo Luis de Cabrera. Las tareas se realizaron en el tradicional espacio localizado detrás de la Catedral de Córdoba.

Las tareas implicaron una gran parquización en todo el sitio, junto a una poda generalizada para levantar los fustes de los árboles y permitir una mejor vista a la belleza del sitio. Además, se relocalizaron los postes de iluminación a espaldas de Jerónimo.

Acciones similares de embellecimiento floral se concretaron en los alrededores del monolito alusivo colocado en barrio Yapeyú, donde también se reforestó el bulevar De los Fundadores.

En el monumento se generó un espacio para la colocación de la placa que recuerda el aniversario 450º de la fundación de la ciudad.

En cuanto al cuerpo escultórico, se concretaron diversas tareas de restauración, arte que estuvo sin cuidarse desde el regreso a la democracia.

El conjunto está formado por una fuente, el pedestal con la escultura de Jerónimo y un bloque de hormigón donde se encuentran distintas placas y los relieves. A pocos metros y desde el año 2015, el fundador comparte escenario con José Gabriel “Cura” Brochero, otra personalidad cordobesa.

Se restauró la pátina de los relieves, luego de remover los hongos depositados por el paso del tiempo y que ocultaban gran parte de las líneas en las obras de arte. Esta capa final (poté) protege contra las inclemencias del clima y además le otorga un acabado brillante, realzando los detalles de las piezas. Un tratamiento similar tuvo la escultura del fundador.

Las acciones de puesta en valor estuvieron a cargo de la Dirección de Espacios Verdes, mientras que la restauración quedó en manos del escultor Ricardo Zavala, especialista en el cuidado del arte público.

Cuatro alegorías y un reconocimiento tardío

En la plazoleta pueden verse cuatro alegorías que simbolizan la ciudad, el campo, el arte y la ciencia, labradas sobre un bloque de hormigón revestido con mármol travertino, emplazado detrás de la figura del fundador, elevada sobre la fuente.

Parte del proceso de restauración alcanzó a su vez a las múltiples placas fijadas sobre ese bloque, en el que destacan dos con historias muy particulares.

Aunque Córdoba cumpla 450 años, la estatua de Don Jerónimo recién se colocó en la plazoleta actual en 1955. Bajo la intendencia de Donato Latella Frías hubo un intento de homenajearlo en 1941, pero la obra no avanzó más allá de la piedra basal que se instaló en la Plaza España.

De esa época es la primera placa de bronce que puede verse primero a la izquierda, mirando de frente al Jerónimo.

Inmediatamente, a su derecha está la segunda placa que reproduce un fragmento del texto escrito en el acta fundacional.

La escultura y el gesto de Jerónimo

La imponente pieza es un vaciado de bronce de 2,7 metros, colocado sobre un pedestal que despega al fundador otros tres metros del suelo. Fue realizada por el escultor cordobés Horacio Juárez y muestra a Jerónimo con su típico traje de conquistador español.

La mirada de Jerónimo está fija en el cielo mientras su mano derecha empuña una espada que toca un bloque de tierra. Por su parte, la izquierda sostiene algo que a nivel del suelo es imposible de adivinar: el acta fundacional de Córdoba. Todo el gesto está cargado de una clara impronta quijotesca.

Las crónicas de la época detallan que el 6 de julio de 1573, a orillas del río Suquía (hoy barrio Yapeyú) Jerónimo Luis de Cabrera desenvainó su espada, sableó las ramas de sauces como indicaba el procedimiento y el padre Francisco Pérez, con una cruz de madera, bendijo el lugar.

Así, el escribano Mayor rasgó el papel con su pluma y levantó el acta de fundación de la ciudad llamada “Córdoba de la Nueva Andalucía”. Se dice que el nombre designado, fue en homenaje al lugar de origen de la familia de la esposa del fundador, doña Luisa Martel de los Ríos.

Otra representación artística de la fundación puede encontrarse en los murales de la basílica Nuestra Señora de la Merced sobre calle Rivadavia. El gesto de Jerónimo es muy similar.

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